En tiempos de crisis, ¿Cómo se aprueba un examen difícil?

En tiempos de crisis, ¿Cómo se aprueba un examen difícil?

En la coyuntura de la emergencia en la economía argentina de agosto 2018 detecté un patrón de comportamiento, que llamaré patrón de queja que, en a trazo grueso pasa por ese típico y generalizado “esto está todo mal”.

Esta repetición de situaciones que vienen apareciendo en ciclos me situó rápidamente en el pasado universitario emparentado los actuales empresarios con algunos de mis colegas de facultad hace varios años.

“Hay que prepararse, estudiar un poco más allá del programa de la materia e incluso, un poco más allá del contexto.”

El disparador de este maridaje fue la siguiente pregunta: ¿porque será que de todos los exámenes que rendí en la universidad, sin importar la extrema dificultad que hayan tenido, siempre hubo alguien que los aprobó? Aún cuando el profesor hubiera puesto alguna pregunta fuera de la bibliografía, también en ese caso hubo quien aprobó. ¿Cómo se explica?

Parece ser que para los exámenes difíciles no basta solo con estudiar, pero peor aún, no sabemos cuando nos toca un examen difícil. Hay que prepararse, estudiar un poco más allá del programa de la materia e incluso un poco más allá del contexto de la carrera que desemboca en un título. Esa preparación se debe aplicar también a las empresas a través de sus líderes estudiando más allá del propio mercado y ver todo el entorno de las interacciones económicas.

Si solo me quedo con lo que dicen los libros, no entro en contexto. Del mismo modo si como empresario solo me quedo con el presupuesto de venta de mis productos o con una tasa interna de retorno adecuada para los accionistas no es suficiente para pasar un examen difícil.

No solo hay que estudiar, hay que prepararse fuera de la caja, leer de otros mercados, entender las siguientes dos premisas:

  • En economía el efecto mariposa existe
  • Aún en crecimiento la vida útil de una empresa es efímera en términos de años

Así entonces hay quienes aprueban esos exámenes, sin patrón de queja y agregando a las premisas la aplicación de un verbo en infinitivo, pensar.

Miguel Logarzo Azua

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